30 de abril a las 20:30
Programa:
Johann Sebastian Bach (1685-1750): Variaciones Goldberg BWV. 988.
Aria
Variatio 1. a 1 Clav.
Variatio 2. a 1 Clav.
Variatio 3. Canone all'Unisono. A 1 Clav.
Variatio 4. a 1 Clav.
Variatio 5. a 1 o vero 2 Clav.
Variatio 6. Canone alla Seconda. a 1 Clav.
Variatio 7. a 1 o vero 2 Clav. [Al tempo di Giga]
Variatio 8. a 2 Clav.
Variatio 9. Canone alla Terza. a 1 Clav.
Variatio 10. Fughetta. a 1 Clav.
Variatio 11. a 2 Clav.
Variatio 12. Canone alla Quarta.
Variatio 13. a 2 Clav.
Variatio 14. a 2 Clav.
Variatio 15. Canone alla Quinta (in moto contrario).
Variatio 16. Ouverture. a 1 Clav.
Variatio 17. a 2 Clav.
Variatio 18. Canone alla Sesta. a 1 Clav.
Variatio 19. a 1 Clav.
Variatio 20. a 2 Clav.
Variatio 21. Canone alla Settima.
Variatio 22. Alla breve. a 1 Clav.
Variatio 23. a 2 Clav.
Variatio 24. Canone all'Ottava. a 1 Clav.
Variatio 25. a 2 Clav. [Adagio]
Variatio 26. a 2 Clav.
Variatio 27. Canone alla Nona. a 1 Clav.
Variatio 28. a 2 Clav.
Variatio 29. a 1 o vero 2 Clav.
Variatio 30. Quodlibet. a 1 Clav.
Aria da Capo e fine.
Descarga el programa aquí.
Notas al programa:
Variaciones Goldberg, J. S. BACH
Las comúnmente conocidas como Variaciones Goldberg BWV 988, publicadas en 1741 con el titulo original Aria con variaciones diversas para clave con dos teclados, fueron concebidas por Johann Sebastian Bach (1685-1750) como la cuarta parte de sus modestamente denominados Ejercicios para teclado (Clavier-Übung), una serie de extraordinarias obras para clave y órgano que el compositor llevaba publicando desde 1726. La primera parte de esta colección comprende las Seis Partitas, acabadas de publicar en 1731, la segunda el Concierto Italiano y la Obertura Francesa, y la tercera la Misa Alemana para órgano y los Cuatro Duetos para clave, publicados en 1735 y 1739 respectivamente.
En su biografía de Bach escrita en 1802, cuenta Johann Nikolaus Forkel que las variaciones le fueron encargadas al compositor por el Conde Hermann Carl von Keyserlingk de Dresde. La finalidad del encargo era que el clavecinista de su corte, Johann Gottlieb Goldberg (apellido que dará nombre posteriormente a las variaciones), le amenizara sus noches de insomnio. Por este trabajo Bach habría recibido, siempre según Forkel, la suma más elevada que recibiría en toda su vida. Más allá de que la versión de Forkel sea cierta o por el contrario, y como todo parece apuntar, forme parte de la leyenda que rodea a una obra por otro lado llena de incógnitas, no hay duda de que estamos ante uno de los monumentos musicales más importantes de la obra de Bach.
Incluso al compararlas con toda su producción, las Variaciones Goldberg emergen como uno de los más claros ejemplos de originalidad y genialidad del compositor. La variedad de su escritura y figuración, su uso de patrones y texturas, o el rico contraste entre variaciones, hacen imposible encontrar obras anteriores escritas por otros compositores con similares dimensiones arquitectónicas y con su inigualable utilización de los recursos técnicos del clave.
El tema en el que se basa la obra se desarrolla a lo largo de treinta y dos compases en la línea del bajo del aria, que parece tener su origen en el tema de la Chacona con 62 variaciones en sol mayor, HWV 442 de Haendel. Este bajo ostinato le sirve a Bach para construir 30 variaciones organizadas en grupos de tres, en donde por regla general encontramos una pieza del tipo danza, arioso, obertura, fuga o similar, seguida de una variación con altos grados de virtuosismo, cruce de manos y uso de los de los dos teclados, seguidas de un canon. Los cánones tienen un claro papel organizativo y están compuestos en riguroso orden, tomando como referencia un intervalo ascendente: la variación 3 es un canon al unísono, la 6 un canon a la segunda, la 9 a la tercera, hasta la variación 27, que es un canon a la novena. Este orden lógico se rompe en la variación 30, donde Bach escribe un Quodlibet, que en esencia es una forma musical que combina varios temas populares. Con esta variación, Bach se remonta a sus bien documentadas reuniones familiares en las que todos cantaban e improvisaban quodlibets para gran disfrute de los presentes. Tras esto, y para terminar, escuchamos otra vez el Aria tal y como la escuchamos al comienzo de la obra. Sin embargo el oyente ya no la percibirá igual. La travesía vivida durante casi hora y media le da una dimensión completamente diferente y nos recordará el origen de todo lo escuchado en una mágica combinación de fantasía y orden.