14 de marzo a las 20:00
“Alegoría flamenca”.
Programa:
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Alegoría flamenca de Utrera (2018) |
Alfonso Romero Ramírez |
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Simblear (2014) |
Alfonso Romero Ramírez |
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Interludio sobre La Niña de los Peines-Vestigios (2021) |
Lula Romero |
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Hispa-lisus (2019) |
Eduard Terol |
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Interludio sobre El Tenazas (2020) |
Eduardo Polonio |
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Saeta (2009) |
Antonio Blanco Tejero |
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Interludio sobre Antonio Chacón (2021) |
Dativo Tobarra |
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Zorongo (2021) |
José María Bru |
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Interludio a Manuel Torre, “tronco de faraón” (2021) |
Carolina Cerezo |
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Martinete/sombra (2021) |
Juan de Dios García Aguilera |
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Interludio sobre Tomás Pavón (2020) |
Alberto Carretero |
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Un feu pour deux (2008) |
Óscar Musso |
Sinopsis
El flamenco ha constituido un generador de nuevo repertorio para saxofón a través de sus técnicas extendidas. En Alegoría flamenca los saxofonistas del Dúo Lisus tienen como objetivo dar a conocer la influencia que el cante jondo y el flamenco ejercen en la música actual, sin pretender representar el flamenco contemporáneo, sino ofrecer una lectura artística desde la música, el cuerpo y el espacio escénico. El proyecto se enriquece con la visión de la danza contemporánea de Helena Martos, que dialoga con el sonido desde una corporeidad expandida, y con el diseño de iluminación de Ángela López, que articula el espacio escénico como un elemento dramatúrgico más. Música, movimiento y luz conforman así una alegoría sensorial en la que el saxofón se convierte en una prolongación del cuerpo del intérprete y de la bailarina, actuando como aglutinante de la esencia dialéctica flamenca a través de las técnicas extendidas.
El programa está formado por obras compuestas expresamente para la ocasión, junto a otras ya existentes para dúo de saxofones o saxofón solo. Cada pieza irá precedida, y sin solución de continuidad, por uno de los movimientos de Interludios flamencos (para saxofones y electrónica pregrabada), obra encargada para la ocasión a cinco compositores diferentes y concebida como homenaje al Concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922. Cada interludio está dedicado a un cantaor que participó de alguna manera en dicho concurso (la Niña de los Peines, Antonio Chacón, el Tenazas, Tomás Pavón y Manuel Torre), estableciendo un puente simbólico entre la memoria del flamenco y su relectura contemporánea desde la música, la danza y la luz.